Hoy me he levantado con miedo. Me
faltaban las fuerzas, la energía, el aliento. Y he vuelto a pensar que me
estaba invadiendo otra vez la anemia. Otra vez la palidez de las ilusiones y la
languidez de la vida. Otra vez a ser una moribunda, limitada a caminar.
Después he desayunado, y poco a
poco he ido recuperándome, desentumeciendo los músculos para volar.
Después el lavabo, y allí la
mancha roja. El delito. El crimen. El sentido de todo. Y la sonrío. Y la
insulto a la vez. Me he alegrado de volverla a ver.
Después clase de spinning. Después
la compra. El orden. Y el futuro. Porque en cada compra que hacemos creamos
días, y buscamos en ella el porvenir.
Unos aguacates para el desayuno
para crear combustible. Para restaurar epitelios. Para que te de potencia para
caminar y para conseguir los sueños. Y las nueces. Y el salmón. Y los tomates.
Y la leche. Y la fruta.
Y el verano llega. Nos acecha.
La piel suda. Sudo como una
cerda. Y mientras ando por casa, aún con alguna que otra caja por colocar me
encuentro una libreta, y en ella un poema (in)acabado.
“Ay la luna, luna, lunera….
Que sabrá la luna si yo te quiero,
Que sabrá la luna si yo te quise.
Ay mis ojitos ya se sonrojan,
De escribir estas letras que no son olvido,
Que van ya libres, y sin armaduras”
No sé a quien iban dirigidas. No
hay fechas.
En esa misma libreta, había
escrito: “Verla es nacer”.
Dos años más tarde, no la he
vuelto a ver. Nunca más.
Comentarios
Un buen desayuno y dp el primer encuentro con la piscina de verano...notar el agua fresquita...
Ahora hay un tormenton de escandalo...huele a limpio y a tierra mojada.
Besos
Aquí, mientras, nos estamos deshaciendo de calor ;)