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Carta a J.



Querido J.,

Son más de las cinco de la mañana, y aquí estoy delante del ordenador. Me acabo de preparar un vaso de leche con galletas que me acompañe en esta duermevela. Cuando he ido a la cocina, ha venido Bimba, y como siempre lo ha hecho moviendo el rabo de un lado para otro, agachando la cabeza en el suelo y subiendo el culo. Es su particular manera de dar los buenos días. Ella siempre esta feliz, siempre pegando brincos y cazando moscas que nunca caza.

¿Sabes J.? Te quiero hablar de la vida. Y te quiero hablar del corazón. Del corazón rojo que ahora mismo te va a 89 pulsaciones por minuto, y hace chup-chup-chup. Parece una locomotora. Cuando aún estas dentro de la barriga de mamá, el  corazón va a una velocidad de vértigo, y eso es porque aún es demasiado chiquito y necesita mucha más fuera para que llegue a todos los lugares: a tus ojos, a tus dedos, a tus pies….

Esto lo he aprendido este fin de semana, con tu madre. Ahora mismo estamos lejos, y no es por la distancia que tiene que recorrer el AVE entre Madrid y Tarragona. Es por el Amor.

El Amor, a veces, te queda grande, como los jerseys XXL, y no sabes por donde sacar la cabeza, y das vueltas y vueltas, y más vueltas, hasta que al final, encuentras el lugar por donde la puedes sacar. Pues algo parecido me pasa a mi. Y es que me pasa que no encuentro el agujero. Que no hay manera. Por eso, las últimas veces que he visto a tu madre, no he hecho nada más que tropezar y tropezar, porque no veo la luz. 

Por eso, ahora nos buscamos. Buscamos la salida. El cartel de "Continuará". El rasca y gana, ganador

Espero que en esta búsqueda nos encontremos. 

Y espero que nos alcance la felicidad.

Os quiero.


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