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Carta a J. (XIV)


Buenos días J.

Llevo unos días atareada con la UOC, trabajos y más trabajos. Me sucede que cada día me cuesta más, que tengo que hacer más esfuerzos para concentrarme, que estoy una hora y ya después me distraigo.

No siento que sea útil. No aprendo. Después tendré un título, ¿y? Sólo eso.

Ahora lo que me interesa, y lo que me gustaría es tener tiempo para escribir en La Fábrica de sueños, y aprender más, y hacer cursos vivenciales, y salir a la vida, y ver mundo, porque aquí, en los libros, y en esta cuatro paredes, se aprende bien poco.

Adquieres conocimientos, pero ya esta. No vives. No sientes.

Pero ¿sabes? Estoy contenta. Contenta porque ahora tu madre te va a poder cuidar al 100x100, porque te podrá leer cuentos, e inventarse historias de villanos, de piratas, de enanos o monstruos. Porque lo necesita.
Ahora ha llegado vuestro momento.

A veces, en sus palabras, cuando nos escribimos, siento un aire de derrota, de que lo nuestro, es imposible, de que fue bonito mientras duro, pero que es algo utópico.

No sé J. No sé como volverla hacer creer en nosotras, en que hable desde la ilusión, desde las ganas, desde la alegría.

J. yo no sé lo que pasará con nosotras. Ahora está todo revuelto, todo difuso, todo patas arriba.

A pesar de ello, tengo una certeza:

Os quiero

Comentarios

yellow ha dicho que…
creía que no quedaban blogs como éste.
Alba 3,1416 ha dicho que…
Hay una solución: haz solo lo que desees por placer, por ilusión, por estar viva.
Un abrazo
Unknown ha dicho que…
Victoria, quan abandonada me tienes...

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Soy un paraíso perdido

Me desvanezco en la nada. No tengo historias. Las palabras han emigrado. Las ideas se han quedado afónicas. No puedo hacer que estalle la primavera en las letras. Nada. Tan sólo goteo rabia. No quiero a nadie. A nadie. Tengo todos los sentidos muertos. Pervertida en la demolición. Sulfatada en la inclemencia de la atrocidad. Me atraganto de tanta maldad. El inferno crece en mí. Me recreo en la inmundicia. Me revuelco en el estiércol. Tan sólo me salen exabruptos de ácido sulfúrico. Tengo la sangre empapada de cólera. Y sucia. Es la mía una sangre que se levanta, que se pone en pie de tanta rabia condensada. Tengo demasiado ruido dentro, tanto que no puedo pensar. Camino y camino y no se hace el futuro. Camino y no me alejo de ésta náusea que me acecha. Soy el lirismo de las babas. Un deseo putrefacto. Tengo el corazón incendiado.  Necesito silencio. Necesito una isla. Hoy van a estallar los cohetes. Y yo quiero estallar con ellos. Ser pólvora. Y nada más.

"Soy lo prohibido"

Estoy enfermera señor, enferma. Deliro constantemente. Permanentemente pensando en los cuerpos que chocan, en jadeos, y en pechos sonrosados. Dentro fuera, dentro fuera, dentro fuera, dentro de ti… Y en una mano que se hunde, que me atraviesa, y me traspasa, como una espada. Y en la aureola de tu vientre. ¡Ay señor! ¡La violencia del amor se ha desatado! ¡Ay señor! ¡El zarpazo del amor me ha alcanzado! Y mira mis manos, aquí te las enseño, y te las entrego. En ellas esta el olor de las prisas, y de las flores que se rompen y estallan. Perdóname señor, por haber atracado su enigma. Pero ahora por favor, ayúdame,¡ayúdame!, y calma mi sed. Y domestica mi amor. Pues no tengo fuerzas suficientes, señor para aguantarlo, para sostener a este monstruo llamado AMOR. Arráncalo de mí. Quítalo de mí. Y corta su recuerdo. Señor, yo sólo quiero ser libre.