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Carta a J. (XI)


Buenas noches J.

Tu madre continúa estando pequeña, y no sé cuál es la palabra mágica para hacerla crecer, para que vuelva a estirar el cuerpo, y a mirar arriba, al cielo y a las estrellas.

A veces, por mucho que nos digan lo grandes que somos, no nos sirve de nada. Cuando se esta mal, se esta mal, y hay momentos que queremos estar solos, que nos dejen en paz. No queremos palabras, ni que nos digan que mañana saldrá el sol, porque eso ya lo sabemos, no queremos que nos digan que todo pasa, porque eso también lo sabemos, sólo estar, estar con nosotros mismos y nuestro dolor y nuestra pena.

¿Es malo eso? No. No es malo. En este mundo que vivimos parece que nos obligan a estar felices, que tenemos que resistir a las impertinencias de la vida. No te lo creas, porque es mentira. Recuerda lo que ya te he dicho en anteriores veces, para y escucha a tu cuerpo. El sabe perfectamente lo que necesita.

Y cuida a tu cuerpo, porque es tu morada.

Hoy en genética nos han enseñado la historia de las leyes de Mendel.

Mendel era un monje, pero ante todo era un observador de la vida, y especialmente de las plantas, y fue gracias a esa mirada tan despierta que le llevo a convertirse en científico.
Todo empezó por los guisantes. Vio que había guisantes amarillos y guisantes verdes, así que a partir de aquí se preguntó, por qué sucedía eso.

Y ¿por qué eligió los guisantes y no otra semilla? Básicamente porque los guisantes tienen el superpoder de autofecundarse, es decir, se crean y se recrean ellos mismos.

Así que eligió los guisantes amarillos y los cruzo con los guisantes verdes, y ¿qué sucedió? Que el guisante amarillo mami y guisante verde mami, nació un guisante hijo amarillo. Esto lo repitió cien veces, y siempre siempre sucedió lo mismo.

Estaba claro que el guisante amarillo tenía el superpoder de enseñar el color al mundo, mientras que el guisante verde no.

Mira, te lo pongo como el decía, el amarillo era tan fuerte tan fuerte, que era una A mayúscula, y el verde, como era más pequeño, era una a minúscula.

Como comprenderás, una a minúscula no puede competir contra una A mayúscula. Eso es imposible.

Te preguntarás entonces que si eso sucedía, entonces ¿significo el fin de los guisantes amarillos? No. No ha sido así.

A día de hoy, todavía hay guisantes verdes. Pero cómo conseguir ese tipo de guisantes, te lo explicaré en otra carta, porque es largo de explicar.

Un beso J. 

Me voy a cenar

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