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Carta a J. (VII)


Querida J.

Quizás algún día pienses, y te preguntes ¿qué es la Justicia?

La justicia es ser justos, es dar o recibir lo que te toca, pero claro, ahí esta el asunto, ¿Quién dice qué es lo que te toca? ¿Quién determina la parte del pastel a comer?, ¿tu madre, o un hipotético hermano?

Puede ser que si es tu madre, opte por hacer partes iguales el pastel, pero incluso siendo tu madre, puede ocurrir que al considerarle más pequeño le de una parte del pastel más pequeña, porque ella piense que sea más acorde para su edad.

¿Sería eso justo?

Quizás para tu madre si. Y quizás para ti no.

La Justicia es cuestión de ojos. De maneras de ver el mundo. Y por eso, cuando dos personas ven el mundo de manera diferente, con una justicia distinta, nos enfadamos, e incluso hasta la sangre se nos pone de pie.

Yo en la Justicia no creo. Ni en la de nuestro mundo, ni en la de los jueces. Pienso que no todos somos iguales, aunque sea lo que debiera ser, así que por eso, veo que es imposible.
Véase el caso de ahora, los ricos no van a la cárcel, y los pobres sí.

Recuerdo cuando era pequeña, como dos niñas por ser las hijas de los profesores siempre eran las elegidas para hacer el baile del fin de curso. ¿Era justo? No. Porque había muchas más niñas que lo hacían mejor, que iban a ballet, y que sabían moverse, pero eso no importaba, porque el mundo adulto se interponía al pequeño, y determinaba su Justicia.

Por eso, a veces, es mejor el juego, el azar, la suerte. Porque ahí si todos somos iguales.

Pero aunque yo no crea en la Justicia, ¿sabes una cosa? Dentro de poco, vas a venir al mundo, y aunque la justicia no sea justa, piensa que puedes dar al mundo, piensa qué le puedes ofrecer, porque está en tus manos hacer un mundo mejor, un mundo más bonito, un lugar donde quedarse. 

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