Ir al contenido principal

Carta a J (III)


Esta canción me la cantaba mi abuela cuando era pequeña. Yo no la acaba de entender, porque de repente la tenía que coser un cirujano, como de repente tenía un cesto de frutas, como que tenía un vestido verde, o unos pantalones. Fuera lo que fuese lo que tenía la Tarara me gustaba. Recuerdo que me la cantaba sobre todo para que comiera, para que me terminará las últimas cucharadas de esos platos piramidales.

Ahora me toca a mi cantarla.

Le he dicho a tu madre que contigo tan sólo podemos hacer una cosa: quererte.

Así que tú, tan sólo encárgate de una cosa: VIVE. 

Comentarios