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Carta a J. (II)


No hace ni 24 horas que te he escrito y vuelvo a sentir la necesidad de hacerlo. Y no me preguntes por aquí, por qué en este espacio. Es un interrogante más que se desliza en mis pestañas. Quizás sea porque aquí conocí a tu madre, de pantalla a pantalla, y quizás aquí, de manera inconsciente este buscando mi redención.

Hoy he quedado con un amigo, un amigo de los antiguos, de esos que van envejeciendo contigo. Le he explicado mi caso, mi situación, y mi desbordamiento. Me ha escuchado en silencio, y después ha hablado:

Lloras por el duelo. Por el duelo de tu vida imaginada. Decide y sé firme. Sólo podrás entrar en el paraíso, desnuda”

Sus palabras me han atravesado con furia. Después ha hablado de reinventarse, esa palabra que a día de hoy está de moda, de la necesidad de dibujar un nuevo mapa, con nuevas carreteras para conducir y encontrarnos, que si el hombre ha llegado a la luna, ¿por qué no podemos estar los tres juntos?

Sus palabras han sido una pomada para mi alma. Estoy tranquila. Respiro. Y continúo.

¿Sabes J.? Yo soy superfan de los libros de autoayuda. Tu madre, en cambio los odias. En todos ellos te hablaran de muchas cosas, de disciplina, de compromiso, de responsabilidad, etc…

Hablan de muchos superpoderes, pero hay uno que nunca nombran: el superpoder del amor.

Porque el superpoder del amor nunca desaparecerá. Siempre estará en ti. Siempre estará a tu alcance. Porque siempre, siempre vas a querer. A tu madre. A la familia. Al novio a la novia.

Porque con el amor nunca estarás solo. Recuérdalo. Así que cuida ese superpoder, arrópalo y dale de comer con abrazos y besos. Hazlo crecer. Haz que te inunde. Haz que se multiplique. Es el pegamento de la vida.

Es tu salvavidas.

Me voy a cenar minimap. Descansa. Buenas noches. 

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