La vida me pesa. Me aplasta el pecho. Me cuesta respirar. Me cuesta coger
aire. Me ahogo. El corazón me cabalga de manera agonizante. Bombeando a marchas forzadas. Exánime. Tengo un moribundo en mi interior.
Abro la boca al máximo, al límite, hasta sentir el dolor de las comisuras
de mis labios e intento agarrar un trocito de aire, un poquito de suerte, un
poquito de algo, pero no. No es suficiente. El corazón me aprieta. Me aplasta y
me obliga a no ser. A no ser nada.
Sólo un cuerpo tumbado en la cama que se extingue.
Comentarios