¿Por qué señor no siento?
¿Por qué señor ni sufro ni padezco?
¿Por qué ignoro el hambre, y también el frío?
¿Por qué mis manos no tiemblan en el delirio de tu cuerpo?
Mi vida anestesiada. Aletargada. Sin preguntas. Sin respuestas.
Sólo existencia.
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