Tengo la vida agarrotada en mis pestañas, y la estrangulo con mis sueños para que no fluya, ni respire, ni sienta. Porque mis sueños son talud continental, ahogados en mis pulmones. Son un insoportable ladrido de perro en tu oasis de paz. El zapato negro de fiesta que te desolla lentamente hasta hacerte sangrar. Son el miedo que oprime y me inmoviliza.
El tedio me abruma. Definitivamente, la vida es un bostezo. La fruta podrida.
Y yo le pido clemencia.
Voy a rezar.
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