Leo. Leo con la salvaje necesidad de poseer palabras que no son mías. Quiero arrancar las palabras a los libros y vomitarlas. Poseerlas. Sin clemencia. Pero mis ideas están carbonizadas. Obsoletas.
La belleza te permite sobrevivir. Te genera un camino. Un destino. Un lugar dónde ir.
Los otros, los restos, los feos, los que tienen el rostro arado, están condenados a ser camaleón. A la búsqueda incesante de un yo que no existe. Ni tienen. Ni tendrán.
Y escuchan siempre, una y otra vez, esa maldita palabra que chirria en sus orejas: acéptate.
Y ¿si no quiero? ¿y si quiero permanecer con mi boca triste, y angustiada por este rostro que la madre naturaleza me ha otorgado?
¿de qué manera nos condiciona un ojo verde, o una estatura inusual?
Ser grotesco, abrupto, y rugoso te despista de la vida, y hace que pase vertiginosamente por tus ojos, mientras te empeñas en NO SER lo que eres.
La belleza te permite sobrevivir. Te genera un camino. Un destino. Un lugar dónde ir.
Los otros, los restos, los feos, los que tienen el rostro arado, están condenados a ser camaleón. A la búsqueda incesante de un yo que no existe. Ni tienen. Ni tendrán.
Y escuchan siempre, una y otra vez, esa maldita palabra que chirria en sus orejas: acéptate.
Y ¿si no quiero? ¿y si quiero permanecer con mi boca triste, y angustiada por este rostro que la madre naturaleza me ha otorgado?
¿de qué manera nos condiciona un ojo verde, o una estatura inusual?
Ser grotesco, abrupto, y rugoso te despista de la vida, y hace que pase vertiginosamente por tus ojos, mientras te empeñas en NO SER lo que eres.
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