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El sueño





El sueño es un oasis. Una isla blanca. Esa región que te pertenece, tuya y única, ese refugio aún inmaculado y extraño que quieres alcanzar porque es ahí donde quieres trasladarte, y vivir. Y ¿sabes? ese lugar te pertenece. Porque ese es el reino de tu deseo, porque están tus ganas, porque es ahí donde se desvía tu atención, donde tus ojos miran de soslayo, y de manera tímida. Porque en ese mundo pequeño que es el tuyo, en ese breve espacio que imaginas, de manera aterciopelada, de aire y agua, aunque haya dolor, aunque haya soledad, aunque habite la tristeza, esos elementos turbios resbalan por tu piel, porque la verdad es impermeable. Porque el sueño es tu verdad, una promesa encerrada en tus pulmones, así que venga, acércate, no tengas miedo. No merece la pena. No merece la pena tener días pálidos y marchitos. No merece la pena tener días como lunas menguantes, siempre en eterna decadencia. 

Por eso, escucha el rugido bronco e indomable de tu sangre. Escucha la furia inconmensurable de esa verdad que late debajo de tu piel. De tus uñas. Y tus pestañas.

Y déjala salir.
Sé tu sueño. Sé tu verdad.

Recuerda tú tienes el pasaporte para alcanzar esa tierra limpia y tuya. Tú tienes el poder. 

El sueño es tu propio salvoconducto.  

Y tú la única verdad. 

Adelante…

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