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El cuento de nunca acabar


El deseo acorralado por un millón de sagitarios muertos. El deseo descalzo clavándose entre los aguijones del miedo. Por favor, no me mires. No me mires. Voy a llorar. Estoy preñada de dudas. Y las dudas mojan mi cara, las dudas resbalan por mi cintura en la noche cerrada. Las dudas caminando hacia la muerte, hacía el abismo, hacía la nada. 

Duda misil. Duda fúsil. Triste luz de la mañana.

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