Tengo miedo. Un miedo de aullidos, y esquirlas de plata.
Miedo a que las palabras no hagan ruido. A que se acaben. A que se extingan en el desierto de nuestras bocas.
A no tener respuestas. Ni tan siquiera preguntas.
Miedo a no escuchar pasos. Miedo a no recordar. Miedo a caer en el abismo de los otros. A torcerme. A ser como los otros. Como los demás. Como ellos. En dejar de creer. En ser sólo tiempo y arruga.
Miedo a apagarme. A pudrirme. A ser sólo un amasijo de inviernos.
Miedo a convertirme en un insulto.
A que mi cabeza estalle en tus manos.
Miedo a ser una bolsa de huevos rotos. Pegajosa.
Y entonces me doy cuenta, que también sin felicidad se vive.
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