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Amores de verano

El verano ha llegado. El verano está en la calle. En la piel. En los ojos de los viandantes. De los niños. De las flores.

Sólo hay aroma de sol.

La gente con gafas. Y con gafas de buceo. Erizos y estrellas de mar.
Pero aquí no hay faro. Porque ahora los barcos son modernos, listos y autosuficientes. Y no se pierden.

La arena húmeda por el agua. Arena fácil y blanda. Y el aire tibio.

¿es más fácil querer en verano?. En verano hay chanclas. Terrazas y buganvillas.

En el verano es quererse de manera frenética. Quererse mientras se arde porque sabes que, después en setiembre, no volverás a pronunciar su nombre. Saberlo ya recuerdo y rumor de olas aunque no se haya ido. Sabiéndolo despedida y lágrima salada. Herida abierta

Es quererse de manera despiadada. Y devorarse. No hay tiempo para pensar en decir “Te quiero”. Lo disparas. Lo gritas, porque no puedes detenerte a planificar cuando es el momento más oportuno para decirlo, para que no se convierta en un garfio, y en el temblor del compromiso.

No hay tiempo para pensar en el pasado. En las otras. Sus nombres no caben en el espacio. Sólo ella y ella.

No hay tiempo para ponerse la palabra: novia. Sólo para follar.

Eres cuerpo abierto. Y libre.

Por eso el amor de verano te encallece las manos. Es éxtasis. Y el corazón un sismógrafo.

Y entonces….

¿Cómo son los amores de invierno? ¿Dónde se esconden?


Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Se esconden detrás de las bufandas y los gorros...

En invierno hace frío en Berlín

es muy fácil