El borrador de se ha fugado, se ha escapado por el hueco, se lo ha tragado la NADA.
Los mitos es mejor no tocarlos. Ni tan siquiera conocerlos. Es mejor amarlos en secreto. En la clandestinidad. En las cuevas. En tu mentira. Porque después ya sabes, cuando tropiezas con ellos, se empiezan a deshacer, a consumir en la nada, y se destruyen.
Porque la realidad tiene grietas. Tiene arrugas. Y envejece.
Como los mitos.
También el sexo es mejor en los libros. Y en las pantallas de cines.
Pero la realidad se esconde debajo del carmín rojo de los labios, que gritan en silencio, colgados en la barra del bar, abrázame.
En los vasos de whisky que atrapan el color del otoño y que desatan la lengua, y hablan de torpezas, de miedos, y dudas.
En los taxis amarillos que llevan en el asiento trasero la lágrima de una infidelidad.
Queremos pintar la realidad, pero solo tiene un color
Es negra.
Los mitos es mejor no tocarlos. Ni tan siquiera conocerlos. Es mejor amarlos en secreto. En la clandestinidad. En las cuevas. En tu mentira. Porque después ya sabes, cuando tropiezas con ellos, se empiezan a deshacer, a consumir en la nada, y se destruyen.
Porque la realidad tiene grietas. Tiene arrugas. Y envejece.
Como los mitos.
También el sexo es mejor en los libros. Y en las pantallas de cines.
Pero la realidad se esconde debajo del carmín rojo de los labios, que gritan en silencio, colgados en la barra del bar, abrázame.
En los vasos de whisky que atrapan el color del otoño y que desatan la lengua, y hablan de torpezas, de miedos, y dudas.
En los taxis amarillos que llevan en el asiento trasero la lágrima de una infidelidad.
Queremos pintar la realidad, pero solo tiene un color
Es negra.
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