Sucede que me ahogo por dentro, que hasta el aire que respiro me molesta, que me pesa, que me oprime los pulmones, y me atraganto con su murmullo.
Me cobijo en la desidia.
Yo no sé querer.
No sé quererme.
¿Cómo voy a sostenerte si ni tan siquiera tengo la capacidad para sujetarme a mí?
¿Cómo voy a socorrerte en la odisea de vagones y equipajes si ando perdida y desolada en mi propia travesía?
Que yo no soy ninguna heroína, que si abro la boca, sólo se derrama miedo, mi propio miedo, porque eso es lo único que tengo, porque eso es lo único que soy.
Por eso sólo sé aullar. Aullar miedo. Un miedo plomizo. Un miedo que retumba por dentro.
Quizás por eso no tengo equilibrio. Quizás por eso siempre camino en círculos concéntricos. Siempre volviendo al mismo lugar. Al lugar de partida. Al origen. A mi hueco.
Qué mierda, qué asco…
Que ni tan siquiera sé decorar la vida, está infame y tortuosa vida que nos ha tocado vivir, que no puedo crear un mundo más blanco, ni más suave…
Sólo a través de la desnudez te conozco, sólo a través de la desnudez me salvo…
Pienso en qué sucedería si fuera valiente, que pasaría si por un momento tuviera los arrestos necesarios para afrontar esta vida, si tuviera el coraje para atreverme a alcanzar las palabras adecuadas que se esconden en los lugares secretos e íntimos, agazapadas en la penumbra de nuestra garganta….
Si yo me atreviera a desempolvarlas, a destaparlas de su lugar secreto….
Entonces, entonces….
Te diría...
Quiéreme así, quiéreme desvalida, coja, indefensa, y desnutrida de ilusiones
Quiéreme con esta pena que encharca mis pulmones,
Quiere siendo un animal triste y desarbolado
Quiéreme, quiéreme, por favor, sin descanso.
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