La gente llora en las despedidas.
En las despedidas llora la distancia de su amante.
Después les llega el insomnio por la falta de su cuerpo,
Por el hueco que ha dejado en la cama.
Y después les asaltan las palabras de madera,
llenas de astillas, llenas de garfios,
esos “Te echo de menos”, y los “Te quiero” innecesarios.
Y es que sucede que ellos no lo saben,
Pero ellos no han ardido.
Porque cuando eso pasa, cuando eso ocurre…
Cuando eres devorado por el fuego…
Después, después…
Sólo hay silencio. Vacío. Y nada.
Al fin y al cabo, hay cosas que carecen de nombre, de tiempo y espacio.
Por eso recordad: La verdad está en el silencio.
En el silencio del universo.
Y eso, a mí, me basta.
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Cariños