En un ataque de consumismo me he comprado la película de Habitación en Roma. Y una botella de whisky.
Hoy quiero olvidarme de mí, y ese es el único recurso que conozco. Beber.
Hoy sólo quiero llorar, y ahogarme en mis propias lágrimas.
Pienso.
¿Qué es lo que me mantiene viva? Un corazón. Un puño rojo y ardiente que propulsa la sangre hacia todos los órganos del cuerpo. Todos los órganos sumisos a él. Todos los órganos dominados, subyugados y oprimidos por este puño. El puño Dios. El puño Rey. El puño grande e inclemente. Y lo único que me sostiene en esta vida.
Estoy cansada de mí. Fracaso rutinario y cotidiano. Y la bestia que vuelve, y soy sólo dolor, un dolor ancho que puebla mis arterias, un dolor poderoso y hercúleo. Yo y mi dolor. Yo vestida de dolor.
Un dolor guerrero. Asesino y sanguinario.
Un dolor que me llega hasta las uñas de mis dedos.
Y quiero desprenderme de él, arrancármelo, clavarme un puñal en el estómago y ver cómo los hilitos rojos de dolor se van escapando de mi cuerpo, como empiezan a salir de mí, como empiezan a brotar poco a poco, hasta que recubren todas mis piernas, hasta que alcancen mis pies, hasta que inunden todo el suelo, y se convierta en un tapiz rojo púrpura, en una alfombra de pétalos sanguíneos, porque yo quiero sentir la ingravidez de la nada, la ligereza de no estar encarcelada en el dolor…
Quiero que el dolor me abandone, que el dolor me deje.
Quiero ver como el riachuelo del dolor huye de mí.
Y sonreír.
El resto nada. El resto podredumbre. Azoteas viejas, y noticias de madrugada.
Comentarios
"El amor tiene aristas, las heridas te mantienen vivo"
un saludo,