Victoria indefensa, frágil, y pálida, tullida de muertes. Contusionada de afecto, magullada por las aristas de sus labios.
Acribillada a balazos por la vocal A.
Y Victoria a punto de ahogarse, a punto de acabar estrangulada por el afluente del río.
Asfixiada de tanta agua.
Se le acaban las fuerzas, se desvanecen, y se evaporan. Ya no puede continuar más. Engullida por su imaginación agreste, aturdida por la estepa negra.
Por eso, este púgil destartalado, y exhausto se bate en retirada.
En busca de su espacio.
En busca de su soledad arcaica y severa.
Su refugio. Su lugar.
El distrito de las esquinas.
Allí donde nada, ni nadie molesta.
Ni tan siquiera, el silencio.
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