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La ley de Newton

Victoria anda encerrada en su habitación, alejada de los estertores impolutos de melancolía.

Protegida del mundanal ruido de coches.

Y se piensa.

Se sabe predecible. Su comportamiento es un acontecimiento físico regido por leyes sencillas.

Al igual que podemos averiguar la velocidad de cualquier objeto en caída libre, al igual que podemos determinar la amplitud y la longitud del timbre de nuestras voces, de nuestras palabras, y a la velocidad con la que se enredan en la realidad, también podemos intuirla.

Porque ella es un número.

Piensa en la primera Ley de Newton:

“Todo cuerpo persevera en su estado de reposo o movimiento uniforme y rectilíneo a no ser que sea obligado a cambiar su estado por fuerzas impresas sobre él.”.

Mastica la frase. ¿Nos movemos por otros cuerpos?

Otro cuerpo nos toca y ejerce una fuerza sobre nosotros que nos obliga a movernos.

Andamos.

Otro cuerpo nos toca, y cambiamos. La fuerza salvaje se despierta.

Sometidos a la fuerza del roce.

Un cuerpo solo. Velocidad cero.

Mientras tanto, la pubertad crece en sus manos.


Comentarios

Anónimo ha dicho que…
JODER

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