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Palabras robadas en la inmensidad de la nada

Victoria está absorta y ensimismada en su marea de pensamientos. Se asoma a su interior. Lo explora. Lo deshace. Lo desarma. Y lo escudriña. Está envuelto de sudor. Y el sudor no se detiene. Encharca todas sus ideas. Su interior lleno de sudor y rojo. Su corazón despeñándose de su pecho. Al vacío. Al abismo. A la nada.

“La carne se muere. La sangre se renueva. Se regenera”

Continúa rebuscando por dentro de ella, entre el bazo, entre los pulmones, el estómago y los ligamentos. No sabe con qué fin. No sabe por qué hoy se ha convertido en exploradora de ella misma.

Y casi no encuentra nada. Nada interesante. Sólo versos podridos, putrefactos y temblorosos, envueltos por cenizas, calcinados por la fertilidad del Cáucaso.

Y a lo lejos, a lo lejos, oye una voz pálida: “Quiero un abrazo de amianto, un amniótico abrazo”





Comentarios

alejandra ha dicho que…
Nada que no se solucione con algo de calor humano, la forma de conseguirlo ya es cosa de Victoria... Los hay de muchos tipos, y existen mil formas de conseguirlo.. Solo tienes que comprarlos, unos se venden por dinero, otro palabras, hechos... Otros a cambio de más calor, de compañía, de ternura...

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