He bebido. A conciencia. A propósito. Con premeditación y alevosía. He bebido para renunciar a mi cautividad más íntima y profunda, para poner a la intemperie mi mayor pecado, y mi sacrilegio más humano.
Porque yo callo, y me muerdo la lengua, aunque mi sangre se ponga de pie.
Mañana todos los enamorados se dirán “te quiero”.
Mañana todos los amantes dormirán siendo espejos.
Pero yo no. Porque yo no creo en el mañana. Porque yo no creo en el futuro. Tan sólo en el hoy. Tan sólo en el hoy. En el aquí y en el ahora. En este instante que se precipita…
Y te digo: no busques mi boca. No busques mi réplica. No busques mi palabra. No busques que te diga: me gustas.
No lo pronunciaré. Demasiado fácil.
Porque la palabra es mentira. Porque la palabra no recoge el galope del corazón.
Porque yo soy acto. Y verbo.
Porque yo te daré la mano.
Y seré tu insomnio y tu consuelo.
Seré el Leviatán que destruya tu piedra.
El calcetín perdido entre las sábanas revueltas.
La zorra que susurra Hidrogenesse.
Después mírame, mírame a los ojos. Y bésame.
Porque en ellos se esconde mi verdad imberbe, joven y creciente.
Porque saben que Madrid es el invierno encerrado en una habitación.
Mañana la primavera británica nos estará esperando.
Comentarios
Invocación
Si el lenguaje
este modo austero
de convocarte
en medio de fríos rascacielos
y ciudades europeas
fuera
el modo
de hacer el amor entre sonidos
o el modo
de meterme entre tu pelo
"Diáspora" 1976 Cristina Peri Rossi
pd: pero... la primavera será mañana ¿No?