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El odio...


Me sale el odio de los ojos. El odio hacia mi misma. Contra mi misma.

Tengo ojos de serpiente.

Soy una tormenta. Una oda del fracaso.

Ceno y se rien de mi.
Hablo y se rien de mi.

Mientras tanto el tiempo se consume,
y yo no avanzo.

Estancada en el barro,
hundida en la ciénaga del espanto.

Ceno y se rien de mi.
Hablo y se rien de mi.

¿Cuántas veces podemos morir?

Se me cae una taza al suelo.
Se rompe. Me rompo. Y lloro

Por la taza. Por mi. Por todas las cosas que me rodean.

Por este latido de estar vivo.

Comentarios

alejandra ha dicho que…
Desgarrador, uff
Maritornes ha dicho que…
Me encanta lo que escribes... aunque estés equivocada. El fracaso nunca somos nosotros.Son los otros. Recuérdalo. Besos
Ico ha dicho que…
morir tantas como revivir...

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Soy un paraíso perdido

Me desvanezco en la nada. No tengo historias. Las palabras han emigrado. Las ideas se han quedado afónicas. No puedo hacer que estalle la primavera en las letras. Nada. Tan sólo goteo rabia. No quiero a nadie. A nadie. Tengo todos los sentidos muertos. Pervertida en la demolición. Sulfatada en la inclemencia de la atrocidad. Me atraganto de tanta maldad. El inferno crece en mí. Me recreo en la inmundicia. Me revuelco en el estiércol. Tan sólo me salen exabruptos de ácido sulfúrico. Tengo la sangre empapada de cólera. Y sucia. Es la mía una sangre que se levanta, que se pone en pie de tanta rabia condensada. Tengo demasiado ruido dentro, tanto que no puedo pensar. Camino y camino y no se hace el futuro. Camino y no me alejo de ésta náusea que me acecha. Soy el lirismo de las babas. Un deseo putrefacto. Tengo el corazón incendiado.  Necesito silencio. Necesito una isla. Hoy van a estallar los cohetes. Y yo quiero estallar con ellos. Ser pólvora. Y nada más.

"Soy lo prohibido"

Estoy enfermera señor, enferma. Deliro constantemente. Permanentemente pensando en los cuerpos que chocan, en jadeos, y en pechos sonrosados. Dentro fuera, dentro fuera, dentro fuera, dentro de ti… Y en una mano que se hunde, que me atraviesa, y me traspasa, como una espada. Y en la aureola de tu vientre. ¡Ay señor! ¡La violencia del amor se ha desatado! ¡Ay señor! ¡El zarpazo del amor me ha alcanzado! Y mira mis manos, aquí te las enseño, y te las entrego. En ellas esta el olor de las prisas, y de las flores que se rompen y estallan. Perdóname señor, por haber atracado su enigma. Pero ahora por favor, ayúdame,¡ayúdame!, y calma mi sed. Y domestica mi amor. Pues no tengo fuerzas suficientes, señor para aguantarlo, para sostener a este monstruo llamado AMOR. Arráncalo de mí. Quítalo de mí. Y corta su recuerdo. Señor, yo sólo quiero ser libre.