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Soledad...


Otra vez esta soledad que me ahoga y me asfixia como el pañuelo rojo de claveles y perros verdes. Y el silencio de caracoles y viento dormido, entre árboles, carcome mi carne. Acorralada entre cervezas y Lucky Strike, voy naufragando en mi propia tempestad.

Soy una furia desamparada. La cólera de la muerte inesperada.

Necesito algo nuevo. Una nueva voz. Un rumbo. O lo que sea. Ni levantarme antes que nazca el día, me destierra de esta estrella tan blanca y fría en la que vivo. Insensible. Sólo un pulpo con ojos y piel. Espasmódicamente yerma.

Afuera, en la calle, el sol miente. El sol es atrezzo. No calienta. No quema. No arde. Es invierno. Y el invierno lo convierte en rumor. Murmullo de monedas de oro que caen en nuestras cabezas acompañando nuestros gestos.

Las parejas abren la boca y se besan. Las parejas felices se tocan.
Y yo, imberbe de cuerpos desnudos y del eco que gestan.

Las parejas se suben al coche y tocan la bocina del automóvil para despejar a la multitud, a los otros, al resto, a todo lo que no sea ellos.

Después la noche. Sólo la noche...

Y la nieve que cae. Esa nieve que tiembla.


Comentarios

Gisèle ha dicho que…
Y tal vez suceda que, cuando usted no está sola, llene de luz a las demás personas. Y puede ser que sólo por eso ya valga la pena.
Tantaria ha dicho que…
Al otro lado de la ventana no nieva: sale el sol.
alejandra ha dicho que…
Uff... tu texto me ha abrazado, y se ha quedado conmigo, se funde con mi piel, entre mis dedos, entre las ondas de mi pelo...

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Soy un paraíso perdido

Me desvanezco en la nada. No tengo historias. Las palabras han emigrado. Las ideas se han quedado afónicas. No puedo hacer que estalle la primavera en las letras. Nada. Tan sólo goteo rabia. No quiero a nadie. A nadie. Tengo todos los sentidos muertos. Pervertida en la demolición. Sulfatada en la inclemencia de la atrocidad. Me atraganto de tanta maldad. El inferno crece en mí. Me recreo en la inmundicia. Me revuelco en el estiércol. Tan sólo me salen exabruptos de ácido sulfúrico. Tengo la sangre empapada de cólera. Y sucia. Es la mía una sangre que se levanta, que se pone en pie de tanta rabia condensada. Tengo demasiado ruido dentro, tanto que no puedo pensar. Camino y camino y no se hace el futuro. Camino y no me alejo de ésta náusea que me acecha. Soy el lirismo de las babas. Un deseo putrefacto. Tengo el corazón incendiado.  Necesito silencio. Necesito una isla. Hoy van a estallar los cohetes. Y yo quiero estallar con ellos. Ser pólvora. Y nada más.

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