Quiero que tú seas mi cuchillo, que seas mi dolor errante y flagrante. A qué estas esperando, acércate, hiéreme, con tus ojos. Golpéame bien fuerte, con toda tu mano. Con toda la firmeza de tu mano. Déjame la carne lila. Morada de dolor. Tatúalo con la cólera de tu sangre. Y hazme como ella: púrpura…
Me desvanezco en la nada. No tengo historias. Las palabras han emigrado. Las ideas se han quedado afónicas. No puedo hacer que estalle la primavera en las letras. Nada. Tan sólo goteo rabia. No quiero a nadie. A nadie. Tengo todos los sentidos muertos. Pervertida en la demolición. Sulfatada en la inclemencia de la atrocidad. Me atraganto de tanta maldad. El inferno crece en mí. Me recreo en la inmundicia. Me revuelco en el estiércol. Tan sólo me salen exabruptos de ácido sulfúrico. Tengo la sangre empapada de cólera. Y sucia. Es la mía una sangre que se levanta, que se pone en pie de tanta rabia condensada. Tengo demasiado ruido dentro, tanto que no puedo pensar. Camino y camino y no se hace el futuro. Camino y no me alejo de ésta náusea que me acecha. Soy el lirismo de las babas. Un deseo putrefacto. Tengo el corazón incendiado. Necesito silencio. Necesito una isla. Hoy van a estallar los cohetes. Y yo quiero estallar con ellos. Ser pólvora. Y nada más.
Comentarios
que miedo me da pensar que lo hacemos continuamente, dar - darnos... con los ojos cerrados (y que encima nos guste)
un beso Sra Dubrovnik
Elena