El tiempo de las heridas vuelve. El tiempo de los abrazos fríos. Y otra vez a volver a ser piedra. Y ser noche. Y ser sollozo y plomo.
Las valkirias han muerto. El reloj una lamentación del vacío. Impalpable.
Yo tenía las maletas hechas. Toda la ropa esperándote. Toda la ropa al encuentro de tus manos. La camisa azul quería ser arrancada. Y la verde desgarrada.
Y lloro un beso. Un vacio. Lloro el cuerpo que no oigo respirar.
Después, me como una mandarina. La mandarina acompaña mis pasos. Una mandarina sigue mi camino.
La tristeza no se domestica. Es un animal salvaje. No duerme. No descansa. La tristeza tiene el color de las estatuas.
Y yo voy a continuar andando. Sola. Sola. Sola.
Hasta desaparecer.
Las valkirias han muerto. El reloj una lamentación del vacío. Impalpable.
Yo tenía las maletas hechas. Toda la ropa esperándote. Toda la ropa al encuentro de tus manos. La camisa azul quería ser arrancada. Y la verde desgarrada.
Y lloro un beso. Un vacio. Lloro el cuerpo que no oigo respirar.
Después, me como una mandarina. La mandarina acompaña mis pasos. Una mandarina sigue mi camino.
La tristeza no se domestica. Es un animal salvaje. No duerme. No descansa. La tristeza tiene el color de las estatuas.
Y yo voy a continuar andando. Sola. Sola. Sola.
Hasta desaparecer.

Comentarios
no obstante son mucho mejor que las lágrimas de chocolate
"y lloro un beso" hoy te robo esa frase
un beso
elena
Está bien andar sola. Muchas veces es sinónimo de crecimiento y aprendizaje; pero, ¡sin desaparecer! Eso no.
Un abrazo,
Filomena