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Eres un acto de fe

El tiempo de las heridas vuelve. El tiempo de los abrazos fríos. Y otra vez a volver a ser piedra. Y ser noche. Y ser sollozo y plomo.

Las valkirias han muerto. El reloj una lamentación del vacío. Impalpable.

Yo tenía las maletas hechas. Toda la ropa esperándote. Toda la ropa al encuentro de tus manos. La camisa azul quería ser arrancada. Y la verde desgarrada.

Y lloro un beso. Un vacio. Lloro el cuerpo que no oigo respirar.

Después, me como una mandarina. La mandarina acompaña mis pasos. Una mandarina sigue mi camino.

La tristeza no se domestica. Es un animal salvaje. No duerme. No descansa. La tristeza tiene el color de las estatuas.

Y yo voy a continuar andando. Sola. Sola. Sola.

Hasta desaparecer.


Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Las lágrimas de mandarian raspan en la garganta

no obstante son mucho mejor que las lágrimas de chocolate

"y lloro un beso" hoy te robo esa frase

un beso
elena
Kika Fumero ha dicho que…
Efectivamente, Victoria, la tristeza es un animal salvaje que no se deja domesticar: ella decide cuándo viene y cuándo se va.

Está bien andar sola. Muchas veces es sinónimo de crecimiento y aprendizaje; pero, ¡sin desaparecer! Eso no.

Un abrazo,

Filomena
Ico ha dicho que…
La tristeza se disfraza, se encubre.. pero no se domestica, a veces va con nosotras como una segunda piel gastada y vieja..

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