Quiero abrirme las venas.
Arrancarme la piel.
Quiero que la sangre salga en estampida.
Que salga veloz. Y de manera fulminante.
Y quedarme ya, sin nada.
Sin rabia. Sin cólera ni espanto.
Sin verbos podridos, que estrangulen mis pasos.
Ni corceles negros que me aboquen al llanto.
¡Y que se precipiten los sueños!
¡Qué salgan ya!
¡Que eso ya no son sueños, que son alimañas!
¿No veis que están todos roídos ya por el sol,
Que están aplastados por el tiempo,
Que están al borde del abismo, que están a punto de la muerte
Que ya casi no respiran, que ya no tienen casi ni esperanza,
que tan sólo se sostienen por una agujita fina y diminuta de ámbar y cristal?
Y cuando eso ocurra,
Cuando yo muera.
Cuando yo este hueca, vacía y limpia
Nueva ya, y sin remordimiento.
Entonces cuando eso ocurra,
Yo, volveré a caminar.
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