¡Ay este cuerpecito mío!
Que hambre de emociones,
Que delirio de manos que se posen
En su clavel marchito
Reseca ya su lumbre,
Ignoto de revolver.
¡Ay, este cuerpecito ausente,
De montes y bramidos
Y su manzana podrida de mediodías!
Qué lástima…
Ser invisible, y agua estancada,
¡No me oyes, no me escuchas!
¡Que ya nadie vierte en él,
Sueños de estrellas blancas!
Que nadie rasga sus vestiduras,
Y ningún precipicio de mirada
Se detiene en su almohada!
¡Nadie!
Nadie desata su cabellera.
Nadie.
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Un saludo.