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El recuerdo se evapora en mi camino...

Victoria anda preocupada, algo inquieta por esa pérdida de memoria y de recuerdos. Su pasado no se sostiene en su cabeza, y se le pierden los pasos por el camino. Por eso la novedad no se le arruga. La novedad sabe a sábanas blancas. Y la novedad cae por el desagüe, y se convierte en olvido.

Quizás, piensa ella de manera ingenua, que es debido a un exceso de vida, a una condensación tal de sentimientos, fotografías en blanco y negro, y farolas de otras ciudades, que a partir de ahora, cualquier cosa que le suceda, quedará fuera de ella, en otro país que no sea su cuerpo. Definitivamente ya no le caben más historias. Ni mucho menos conocer a más héroes o villanos. Su universo ha echado el cierre.

Ahora tan sólo vive en el aquí y en el ahora. Porque es lo único que puede hacer.

A veces, cuando está con sus amigos, y le cuentan episodio anecdótico de la semana pasada, ella sonríe como un autómata, haciendo ímprobos esfuerzos por recordar e intenta lanzar un salvavidas en el interior de su mente, en el mar de los recuerdos, pero nada, no sucede nada, pues yacen ya ahogados, o quién sabe, quizás ni tan siquiera llegaron a nacer.

Piensa que quizás no sería mala idea tatuarse la vida, como en Memento, o quizás sea cuestión de vaciarse y dejar espacio para que entre lo nuevo, pero desconoce e ignora cómo hacerlo. No sabe la fórmula.

Así que mientras tanto, mientras continua intentando descubrir el misterio, y con la esperanza que la respuesta le aparezca como un puñal en el pecho, ella continuará viviendo, en el aquí y en el ahora.

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