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Un poema sin croupier


Me sube la marea de recuerdos, cuando antes éramos tú y yo, cuando mi única droga eran los aviones, y las películas de Nouvelle Vague.

“Cuando acabe este Agosto de lluvia y helados iré a por ti. Te llevará a una isla y beberemos jugo de guayaba”, me dijiste.

Y vivimos la felicidad del séptimo día.

Pero tú eras un tango triste, una amenaza circular, un secreto oscuro y sin piedad, pero yo te seguí, y te seguí…

Quería caminar a tu lado. Cultivar marihuana, comprar un bungalow y tener un hijo londinense.

Elegí dolor. Elegí la destrucción.

Aposte todo a tu número. Al número 20. Al caballo cojo. Y ladré de dolor. Y perdí.

Pero sigo en pie.

Mañana, quien sabe, mañana quizá vuelva el tiempo de las cervezas, de los primeros cigarros. Quizás mañana viaje a Chernobil.


Comentarios

Isabel Gil Jiménez ha dicho que…
Es el riesgo de apostar pero el corazón nos lleva a apostar. Así que no hay que luchar contra eso sino aprender a sobrevivir con eso.
Un saludo
0 ha dicho que…
A veces he apostado sin saber a qué lo hago... la emoción siempre es mas fuerte que la razón...
Besos
BO ha dicho que…
Bravo... por la forma y el fondo
Riada ha dicho que…
¿Y si apuestas por ti? ¿Por quererte a ti misma, por vivir?
Jirafas en Gerundio ha dicho que…
En el riesgo está el placer
alejandra ha dicho que…
El juego debería ser ilegal...
Tantaria ha dicho que…
Mira que ponerte a jugar a las cartas y no al parchís!

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