Estoy en mi casa, y cerca tengo un hotel, un hotel sobrio, y triste, lleno de turistas rojos de tanto sol. Antes fueron blancos. Y fueron otras personas. Porque quien saborea el bromuro de la marea cambia, y ya nunca más es el mismo. Su corazón se transforma en una estrella de mar con cinco brazos para poder tocar a más chicas, para poder abrirlas y cerrarlas con más facilidad. Y danzar así con ellas, entre ellas, para ellas, en una noche entre cigarrillos y whisky.
Por sus ventanas sale la voz de Lady Gaga.
Y pienso si después, dentro de unos años, leer el nombre de esta cantante producirá la misma atracción que cuando nos topamos en cualquier sitio con Lou Reed, o David Bowie, porque ahora ellos, ahora mismo ejercen el poder de los clásicos, de las leyendas muertas que sobre existen a esta malograda vida, y por una extraña razón nos sentimos cautivos, obligados a detenernos, enamorándonos de quien los nombra.
Y ahora voy a beberme una botella de vino blanco. Sola. Para irme de la noche. Sola.
Hasta mañana.

Comentarios
Matt
Y me inquieta que hoy nos de a más de uno por hablar de la noche. ¿Hay plenilunio?
Bs
saludos desde barna.