Ir al contenido principal

En mis manos nace el latido de la carne

Son las 7:00 de la mañana. Suena el despertador, pero Victoria no se levanta. Busca el amparo de sus sábanas, aunque tan sólo sea cinco minutos más, cinco minutos más que la alejan de empezar un nuevo día, que la distancian de la incursión a la vida. Pretende estafar el tiempo. Estirarlo. Pero el tiempo no se detiene. No nos pertenece y avanza de manera implacable. Así que después de esos cinco minutos perdidos, intentando evitar lo inevitable, se levanta. En las sábanas deja desparramados todos sus sueños. Y se queda con la realidad, esa realidad que la aplasta, la aniquila. No la soporta.

Por eso se refugia en el lavabo, el asilo de los anónimos, de los que no buscan la gloria ni la fama, sino la discreción y el silencio. Porque a ella le gusta ser enigma. Ser oscuridad y misterio. Y allí entre las cuatro paredes, se desnuda y se queda sola con su cuerpo y su verdad. Con esa verdad que la pulveriza.

Y es que sabe que ella es de esas chicas que pasan desapercibidas, que no te acuerdas cuando la ves por segunda vez, y no hay peor tragedia que ser anónima, que ser un silencio en la noche, porque en ese momento del día el universo se detiene y muere. Soñamos pero no existimos.

Y allí entre las cuatro paredes, se desnuda y se queda sola con su cuerpo y su verdad.

Y en el final de la ballesta, nace el deseo, y fluye la vida.

Después el trueno. El relámpago. Después el astro apagado.

Comentarios

Tantaria ha dicho que…
Después de la tempestad, ¿la calma?
Tom Baker ha dicho que…
Sublime... ^^
MAAT ha dicho que…
Tremendo.
Un saludo!
0 ha dicho que…
Sólo con el tiempo quizá...
Rosario Libertad ha dicho que…
uff pues si te decidieras a vivir igual que escribes creo que no serias anonima ;)
Ripley ha dicho que…
nunca hubiera pensado en el lavabo como el asilo de los anónimos...
Lía. ha dicho que…
Infructuoso y decidor...
Un gusto y un fuerte abrazo.-

Entradas populares de este blog

Soy un paraíso perdido

Me desvanezco en la nada. No tengo historias. Las palabras han emigrado. Las ideas se han quedado afónicas. No puedo hacer que estalle la primavera en las letras. Nada. Tan sólo goteo rabia. No quiero a nadie. A nadie. Tengo todos los sentidos muertos. Pervertida en la demolición. Sulfatada en la inclemencia de la atrocidad. Me atraganto de tanta maldad. El inferno crece en mí. Me recreo en la inmundicia. Me revuelco en el estiércol. Tan sólo me salen exabruptos de ácido sulfúrico. Tengo la sangre empapada de cólera. Y sucia. Es la mía una sangre que se levanta, que se pone en pie de tanta rabia condensada. Tengo demasiado ruido dentro, tanto que no puedo pensar. Camino y camino y no se hace el futuro. Camino y no me alejo de ésta náusea que me acecha. Soy el lirismo de las babas. Un deseo putrefacto. Tengo el corazón incendiado.  Necesito silencio. Necesito una isla. Hoy van a estallar los cohetes. Y yo quiero estallar con ellos. Ser pólvora. Y nada más.

Vuelvo

Vuelvo. Después de cinco años. Aquí estoy. Otra vez. En mi refugio. Volver a las letras. Y vuelvo, porque son mi bálsamo, mi lenitivo. Durante cinco años he huido de la vida. No me he encontrado. He vivido de paso. Siempre al borde del precipicio. De abrazos y besos agónicos sin futuros. He mentido. Y me he mentido.  Y me doy pena, por el tiempo perdido. Si naciera otra vez, si me dieran la oportunidad de volver a vivir, cambiaría cosas, pero ya no puedo. Es demasiado tarde. Ahora sólo puedo andar hacía adelante. Ahora estoy cerrada a cal y canto. Cerrada de ojos. Cerrada de corazón. Solo quiero estar con los míos. Escupo a los extraños. Insulto a los diferentes. Sólo quiero mi soledad. Embadurnarme de ella. Sé que pasará. Porque al final, todo pasa. ¿Cuándo? Lo ignoro. No quiero mendigar el amor. No quiero reclamarlo. No quiero. No quiero. No quiero. Quiero amor. Amor del bueno. Amor que te estruja Amor que te cuida Amor que te custodia en la enf...