Cuando pienso en ti, me entran unas ganas irrefrenables de escribirte, de contarte lo que me ha sucedido a lo largo del día. Explicarte que hoy se me ha estropeado el coche, que no me ha arrancado y por eso he llegado tarde al trabajo. Explicarte que hoy por fin he ido a la playa, que mi madre esta ingresada, que he ido a correr con Laura, que tan sólo hemos durado cinco minutos y ya nos faltaba el aliento, que ya me han llegado los libros que pedí, y que ya he empezado a devorar uno. Se titula “Mr. Vértigo”, a ver qué tal. Y también me gustaría contarte cómo hoy me he comprado unos zapatos. Son tres números más, un 40, y sí, me están un poco grandes, pero no me he podido resistir, ya ves, soy así, a veces un poco absurda. Pero, ¿sabes lo mejor? ¡Que son cómodas y me encantan! Y también me gustaría explicarte que cuando tengo el corazón empapado de whisky, de repente me asaltan poemas, a veces edulcorados, a veces sucios, pero que no son más que mi verdad, la única verdad que siento, pues no son otra cosa que versos dormidos que tan sólo tan sólo se despiertan con el alcohol, que tan sólo tienen valor cuando entran en contacto con el licor de los bucaneros.
Y esto tan sólo son un puñado de letras, escritas de manera espontánea, que han salido rápidas como las balas. Que son palabras tan sólo sentidas y berreadas. Así que ya voy a esconder ya mis dedos para que ya no tecleen más. Voy a cerrar la noche.
Porque estoy cansada. Ahora, mañana y siempre. Porque cada vez que lo intento, tú nunca estas, y mi cama ya se ha cansado de estar empapada tan sólo por la lluvia de mis ingles.
Te necesito. Y no existes.
Me deshago en sangre.
Comentarios