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Y decidí hundir la mano en el dolor

Me estoy ahogando de mi propio dolor. Me consumo dentro de mi propia infamia, fea, abrupta, y destartalada. Mi vida es un cuerpo al que le devoran los sueños. Mi vida es desgastarme en unas sábanas blancas. Arrugarme en cama. Y morir.

Pero entonces, apareces tú. Y todo cambia. Has vuelto. Y me desordenas. Hoy el miedo tiembla en mis ojos. Un miedo que me apuñala y me atraviesa. Y sé que las piedras no aman, y que los aviones no sienten. Y sé que tu deseo habita en otro lugar. Y que nunca, nunca lo podré acunar en mis brazos, que nunca lo podré agitar con mis dedos, porque tú eres viento, y yo tierra. Porque eres el céfiro amarillo y callado, siempre inquieto, suave, imposible de coger, pero tu nombre llena mi boca de amor.

Eres mi verano antiguo, mi herida abierta, una copa de vino blanco y un recuerdo de lluvia en tus hombros.

Comentarios

Ico ha dicho que…
describes muy bien la desesperación, el revolcón en el dolor como el perro en el la tierra, a ambos, en el fondo, les gusta...
Ripley ha dicho que…
siempre hay un momento en el que no hay nada más con lo que ahogar ese dolor y a partir de ahí podemos empezar a remontar y superarlo...
alejandra ha dicho que…
Descarnado... mmm... haces dulce lo obrupto. Me gusta la descripción, la desesperación de las palabras...
R. Bullón Acebes ha dicho que…
"Entre el dolor y la nada, elegí el dolor."

Saludos.

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Soy un paraíso perdido

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