Ir al contenido principal

Y decidí hundir la mano en el dolor

Me estoy ahogando de mi propio dolor. Me consumo dentro de mi propia infamia, fea, abrupta, y destartalada. Mi vida es un cuerpo al que le devoran los sueños. Mi vida es desgastarme en unas sábanas blancas. Arrugarme en cama. Y morir.

Pero entonces, apareces tú. Y todo cambia. Has vuelto. Y me desordenas. Hoy el miedo tiembla en mis ojos. Un miedo que me apuñala y me atraviesa. Y sé que las piedras no aman, y que los aviones no sienten. Y sé que tu deseo habita en otro lugar. Y que nunca, nunca lo podré acunar en mis brazos, que nunca lo podré agitar con mis dedos, porque tú eres viento, y yo tierra. Porque eres el céfiro amarillo y callado, siempre inquieto, suave, imposible de coger, pero tu nombre llena mi boca de amor.

Eres mi verano antiguo, mi herida abierta, una copa de vino blanco y un recuerdo de lluvia en tus hombros.

Comentarios

Ico ha dicho que…
describes muy bien la desesperación, el revolcón en el dolor como el perro en el la tierra, a ambos, en el fondo, les gusta...
Ripley ha dicho que…
siempre hay un momento en el que no hay nada más con lo que ahogar ese dolor y a partir de ahí podemos empezar a remontar y superarlo...
alejandra ha dicho que…
Descarnado... mmm... haces dulce lo obrupto. Me gusta la descripción, la desesperación de las palabras...
R. Bullón Acebes ha dicho que…
"Entre el dolor y la nada, elegí el dolor."

Saludos.

Entradas populares de este blog

Soy un paraíso perdido

Me desvanezco en la nada. No tengo historias. Las palabras han emigrado. Las ideas se han quedado afónicas. No puedo hacer que estalle la primavera en las letras. Nada. Tan sólo goteo rabia. No quiero a nadie. A nadie. Tengo todos los sentidos muertos. Pervertida en la demolición. Sulfatada en la inclemencia de la atrocidad. Me atraganto de tanta maldad. El inferno crece en mí. Me recreo en la inmundicia. Me revuelco en el estiércol. Tan sólo me salen exabruptos de ácido sulfúrico. Tengo la sangre empapada de cólera. Y sucia. Es la mía una sangre que se levanta, que se pone en pie de tanta rabia condensada. Tengo demasiado ruido dentro, tanto que no puedo pensar. Camino y camino y no se hace el futuro. Camino y no me alejo de ésta náusea que me acecha. Soy el lirismo de las babas. Un deseo putrefacto. Tengo el corazón incendiado.  Necesito silencio. Necesito una isla. Hoy van a estallar los cohetes. Y yo quiero estallar con ellos. Ser pólvora. Y nada más.

"Soy lo prohibido"

Estoy enfermera señor, enferma. Deliro constantemente. Permanentemente pensando en los cuerpos que chocan, en jadeos, y en pechos sonrosados. Dentro fuera, dentro fuera, dentro fuera, dentro de ti… Y en una mano que se hunde, que me atraviesa, y me traspasa, como una espada. Y en la aureola de tu vientre. ¡Ay señor! ¡La violencia del amor se ha desatado! ¡Ay señor! ¡El zarpazo del amor me ha alcanzado! Y mira mis manos, aquí te las enseño, y te las entrego. En ellas esta el olor de las prisas, y de las flores que se rompen y estallan. Perdóname señor, por haber atracado su enigma. Pero ahora por favor, ayúdame,¡ayúdame!, y calma mi sed. Y domestica mi amor. Pues no tengo fuerzas suficientes, señor para aguantarlo, para sostener a este monstruo llamado AMOR. Arráncalo de mí. Quítalo de mí. Y corta su recuerdo. Señor, yo sólo quiero ser libre.