¿Se puede asustar a la tristeza?, se pregunta Victoria. Lo hace de manera insistente y reiterada. Con lealtad canina. Y es que la tristeza la golpea insistentemente, sin pausas y artificios. La tristeza oscurece sus ojos y fosiliza sus pasos. La tristeza embadurna su vida. La tristeza es su enfermedad, y su baile enemigo.
Ojala supiera esquivarla, deshacerse de ella, pero ya ven, desconoce cómo hacerlo. Ojala pudiera clavarle un alfiler, como si fuese una mariposa, y enseñar al mundo su trofeo muerto. Pero hacerlo sería traicionar a su destino, y a los dioses del Olimpo. Y por eso continua caminando por la vida, cabizbaja y resignada, siendo esclava de su guión de vida, y siendo eternamente triste.
Comentarios
Hay también un tiempo para la tristeza, como lo hay para subirse por las paredes, lo bueno de estar vivo es que siempre se puede tomar aire y reconducirse.
Te achuco con un flash de fresa en mi boca.