Era domingo. Una tarde de verano de un domingo cualquiera. El sol estallaba en las calles. La bola de fuego dejaba un reguero de calor pastoso, rígido, y hostil, un calor tan pesado que enlentecía los pasos, que los gestos se desmoronaban, se derretían y se caían a pedazos. Era un calor que sabía a muerte, y a delirio. Pero los niños no. Los niños desgastaban su vida y su piel en la calles, entre juegos y azucenas. Los niños en la playa. Los niños en el fútbol. Los niños y las canciones y las adivinanzas, y la vida que les brota, y les estalla en las manos. Pero no a Victoria. Porque Victoria no es pequeña. Porque nunca lo ha sido. Y quizás nunca lo sea. Y es que tiene miedo, y otra mirada. Una mirada lejana, porque observa la vida desde dentro, desde la inmensidad de su habitación. Y es justamente desde ese rincón donde ve que la vida crece en la calle, una vida que se le escapa de las manos y se escurre por ojos. Porque Victoria tiene miedo a salir a la calle. Tiene miedo de vivir. Tiene miedo de quemarse.
Que llegue la noche, que llegue la noche… que su manto oscuro me proteja, Que su luna blanca amanse mis fieras, y mis aullidos de pena que ya no quiero pensarla, ni desearla. Que ya… Que ya me cansé de amarla.
Comentarios
Mejor quemarse...que no vivir.
Tus palabras están llenas de vida haz que se hagan realidad.
Ánimo,desde un día un tanto gris.
Matt
Cariñitos
ICO, mmm.... me gusta la idea del mar, y cómo nos puede refrescar... Tengo que ir a la playa YA!
ALEJANDRA, suscribo todo lo dicho, a excepción del maltrato... Ays... no!
JIRAFA, sip, se trata justamente de eso, de no pensar, o no hacer, sino sentir....
BEGOÑA, hola de nuevo ;-).... Ya ves, a mi es un día que me gusta. Es un día tranquilo, hogareño, de estar con los míos, y ya ves, siempre con la necesidad este donde este de comprar EL PAIS, porque si me falla, ya no es un domingo.
Abrazo!