Ir al contenido principal

La felicidad es un cupón de 2x1


Victoria abre el buzón. Lo hace con un gesto triste, afligido y desprovisto de ilusión, segura de que la única correspondencia que va encontrar son las ofertas del Carrefour, y los descuentos del 2x1 del Telepizza, que a día de hoy, no puede utilizar. Ella es una. Ella es tan sólo una porque el destino la ha conminado a ser un número indivisible y solitario. Ella, repito, es una, pero a pesar de esto, acumula tenazmente y con una esperanza alegre y ancha todos los descuentos, sabiendo que llegará un día que los utilizará, que podrá hacer uso de esos vales que abogan por una vida vivida a dúo, y que ahora mismo le laceran las manos, porque le recuerdan insistentemente ese número siniestro y oscuro que es ella, y del que quiere escapar. Pero aún no sabe cuando sucederá eso, cuando ocurrirá la ocasión para utilizar esa publicidad que tan amargamente, que tan anhelantamente, proteje y guarda. Al fin y al cabo el futuro es un misterio, y es justamente ese enigma lo que hace interesante la vida.

Y Victoria sale al balcón. El pelo se le eriza. Vuelve a hacer frío. Se enciende un cigarrillo y mira la calle. Observa a los peregrinos de la ciudad, y allí a lo lejos, ve a un chico subido en su ciclomotor, y ve como lleva la felicidad escondida dentro de una caja de cartón roja.

Y entonces Victoria piensa en quién se comerá esa felicidad, en esa felicidad viajera que va a lomos de un chico anónimo que además desconoce e ignora la importancia de su misión: llevar la felicidad a las casas. Y es que él tan sólo existe. Existe y hace.

Y entonces Victoria piensa el día en que telefoneara al chico de rojo y le dirá cuál es su calle, porque es allí donde tendrá que llevar la felicidad, porque aquel día utilizará los cupones, porque habrá ocurrido el milagro, esa maldita casualidad que tanto ansia y no sucede. Porque aquel día el azar se habrá puesto de su bando.

Porque aquel día Victoria masticará la felicidad.

Porque la felicidad es también comer con un 2x1.

Comentarios

Unknown ha dicho que…
joder¡ bravo, Victoria... pufff, es genial..
Anónimo ha dicho que…
Me ha encantado y estoy segura que encontrarás la ocasión de utilizar esos vales,la felicidad está a las puertas de tu casa.
Todos,en el fondo,buscamos lo mismo.

Matt
alejandra ha dicho que…
Ojala la felicidad fuera tan sencilla... Pero la forma de redactar, el símil... está genial, muy original.
Anca Balaj ha dicho que…
Pero el ser un número indivisible también tiene sus ventajas, por ejemplo el saber que no te vas a dividir. Mientras se forme parte de un número divisible, aunque puedas usar los cupones 2x1, una sabe que tarde o temprano el número se va a dividir.

Entradas populares de este blog

Soy un paraíso perdido

Me desvanezco en la nada. No tengo historias. Las palabras han emigrado. Las ideas se han quedado afónicas. No puedo hacer que estalle la primavera en las letras. Nada. Tan sólo goteo rabia. No quiero a nadie. A nadie. Tengo todos los sentidos muertos. Pervertida en la demolición. Sulfatada en la inclemencia de la atrocidad. Me atraganto de tanta maldad. El inferno crece en mí. Me recreo en la inmundicia. Me revuelco en el estiércol. Tan sólo me salen exabruptos de ácido sulfúrico. Tengo la sangre empapada de cólera. Y sucia. Es la mía una sangre que se levanta, que se pone en pie de tanta rabia condensada. Tengo demasiado ruido dentro, tanto que no puedo pensar. Camino y camino y no se hace el futuro. Camino y no me alejo de ésta náusea que me acecha. Soy el lirismo de las babas. Un deseo putrefacto. Tengo el corazón incendiado.  Necesito silencio. Necesito una isla. Hoy van a estallar los cohetes. Y yo quiero estallar con ellos. Ser pólvora. Y nada más.

"Soy lo prohibido"

Estoy enfermera señor, enferma. Deliro constantemente. Permanentemente pensando en los cuerpos que chocan, en jadeos, y en pechos sonrosados. Dentro fuera, dentro fuera, dentro fuera, dentro de ti… Y en una mano que se hunde, que me atraviesa, y me traspasa, como una espada. Y en la aureola de tu vientre. ¡Ay señor! ¡La violencia del amor se ha desatado! ¡Ay señor! ¡El zarpazo del amor me ha alcanzado! Y mira mis manos, aquí te las enseño, y te las entrego. En ellas esta el olor de las prisas, y de las flores que se rompen y estallan. Perdóname señor, por haber atracado su enigma. Pero ahora por favor, ayúdame,¡ayúdame!, y calma mi sed. Y domestica mi amor. Pues no tengo fuerzas suficientes, señor para aguantarlo, para sostener a este monstruo llamado AMOR. Arráncalo de mí. Quítalo de mí. Y corta su recuerdo. Señor, yo sólo quiero ser libre.