He talado todas mis ilusiones, quedándose mi vida completamente desmantelada, y arrasada por el desánimo y la incredulidad, quedándose yerma, árida e inhabitable. Sentir que todo es mentira, que todo es teatro, una invención, una burda ilusión… Y ver que el tiempo se escurre de tus manos, que se escapa, y no haces nada para remediarlo…. Y sentir que no tienes rumbo, que caminas dando tumbos, que es en realidad la vida quien me domina y quien te somete a sus leyes insondables. Sentirme perdida y desgastada. Sentirme aturdida. Y ser tan sólo una mala canción. Y mirar hacia arriba, mirar al cielo, y saber que lo único que quieres es acariciar el cielo, tocarlo levemente aunque sea tan sólo con la punta de mis dedos. Y te sorprendes jugando con una idea que te llevaría a ese paraíso de vainilla y sabor a ron, pero eres demasiado cobarde para llevarla a cabo. Y para que engañarnos, porque dentro de ti tienes un brote de esperanza que te dice que no, que aún no, que no es hora de partir, porque quizás mañana ocurra el milagro… O en este instante….
Estoy enfermera señor, enferma. Deliro constantemente. Permanentemente pensando en los cuerpos que chocan, en jadeos, y en pechos sonrosados. Dentro fuera, dentro fuera, dentro fuera, dentro de ti… Y en una mano que se hunde, que me atraviesa, y me traspasa, como una espada. Y en la aureola de tu vientre. ¡Ay señor! ¡La violencia del amor se ha desatado! ¡Ay señor! ¡El zarpazo del amor me ha alcanzado! Y mira mis manos, aquí te las enseño, y te las entrego. En ellas esta el olor de las prisas, y de las flores que se rompen y estallan. Perdóname señor, por haber atracado su enigma. Pero ahora por favor, ayúdame,¡ayúdame!, y calma mi sed. Y domestica mi amor. Pues no tengo fuerzas suficientes, señor para aguantarlo, para sostener a este monstruo llamado AMOR. Arráncalo de mí. Quítalo de mí. Y corta su recuerdo. Señor, yo sólo quiero ser libre.
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