He talado todas mis ilusiones, quedándose mi vida completamente desmantelada, y arrasada por el desánimo y la incredulidad, quedándose yerma, árida e inhabitable. Sentir que todo es mentira, que todo es teatro, una invención, una burda ilusión… Y ver que el tiempo se escurre de tus manos, que se escapa, y no haces nada para remediarlo…. Y sentir que no tienes rumbo, que caminas dando tumbos, que es en realidad la vida quien me domina y quien te somete a sus leyes insondables. Sentirme perdida y desgastada. Sentirme aturdida. Y ser tan sólo una mala canción. Y mirar hacia arriba, mirar al cielo, y saber que lo único que quieres es acariciar el cielo, tocarlo levemente aunque sea tan sólo con la punta de mis dedos. Y te sorprendes jugando con una idea que te llevaría a ese paraíso de vainilla y sabor a ron, pero eres demasiado cobarde para llevarla a cabo. Y para que engañarnos, porque dentro de ti tienes un brote de esperanza que te dice que no, que aún no, que no es hora de partir, porque quizás mañana ocurra el milagro… O en este instante….
Me desvanezco en la nada. No tengo historias. Las palabras han emigrado. Las ideas se han quedado afónicas. No puedo hacer que estalle la primavera en las letras. Nada. Tan sólo goteo rabia. No quiero a nadie. A nadie. Tengo todos los sentidos muertos. Pervertida en la demolición. Sulfatada en la inclemencia de la atrocidad. Me atraganto de tanta maldad. El inferno crece en mí. Me recreo en la inmundicia. Me revuelco en el estiércol. Tan sólo me salen exabruptos de ácido sulfúrico. Tengo la sangre empapada de cólera. Y sucia. Es la mía una sangre que se levanta, que se pone en pie de tanta rabia condensada. Tengo demasiado ruido dentro, tanto que no puedo pensar. Camino y camino y no se hace el futuro. Camino y no me alejo de ésta náusea que me acecha. Soy el lirismo de las babas. Un deseo putrefacto. Tengo el corazón incendiado. Necesito silencio. Necesito una isla. Hoy van a estallar los cohetes. Y yo quiero estallar con ellos. Ser pólvora. Y nada más.
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