Victoria quiere y ama a las mujeres. A las pequeñas, a las diminutas, a las altas o regordetas. Las adora y se le deleita con sus perfumes y sus gestos elegantes. Cualquier mujer en la calle le atrapa la atención, y se extravía en sus pasos, y a partir de ellos se inventa la vida de todas ellas. Si llevan altos tacones, las piensa con carácter fuerte, y seguras de si misma, pues tan sólo necesitan ese pequeño cimiento, esa minúscula viga para andar. Si llevan bambas las imagina creativas, terrenales, y de pequeñas ambiciones, de saberse satisfechas y contentas con lo que tienen y con lo que les rodea. Después están aquellas que necesitan ir planas, que necesitan que toda la planta de su pie toque con la tierra, que este en perpetuo contacto con el mundo, y de ellas Victoria piensa que grandes, enormes, mayúsculas, y a la par humildes, de ahí que no quieran subirse a algún peldaño más, para no asustar, para no parecer quizás tan gigantes. Y Victoria se recrea en ellas. Las observa con atención cautelar. Desde lejos y con disimulo. A escondidas. Amándolas a todas. Deseándolas a todas. Sabiéndolas hermosas.
Me desvanezco en la nada. No tengo historias. Las palabras han emigrado. Las ideas se han quedado afónicas. No puedo hacer que estalle la primavera en las letras. Nada. Tan sólo goteo rabia. No quiero a nadie. A nadie. Tengo todos los sentidos muertos. Pervertida en la demolición. Sulfatada en la inclemencia de la atrocidad. Me atraganto de tanta maldad. El inferno crece en mí. Me recreo en la inmundicia. Me revuelco en el estiércol. Tan sólo me salen exabruptos de ácido sulfúrico. Tengo la sangre empapada de cólera. Y sucia. Es la mía una sangre que se levanta, que se pone en pie de tanta rabia condensada. Tengo demasiado ruido dentro, tanto que no puedo pensar. Camino y camino y no se hace el futuro. Camino y no me alejo de ésta náusea que me acecha. Soy el lirismo de las babas. Un deseo putrefacto. Tengo el corazón incendiado. Necesito silencio. Necesito una isla. Hoy van a estallar los cohetes. Y yo quiero estallar con ellos. Ser pólvora. Y nada más.
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