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Victoria está sola en la habitación. Sola con sus pensamientos y su plan de salvación. Desde su ventana ve la luna. Redonda, jugosa, y tierna, lista para comerse. Como una manzana. Su escritorio es el desorden, el síntoma de su descomposición. Y ahí tiene montañas de papeles, los libros que quiere leer y que presume leer, y que los tiene a medias. Sin terminar. Como todo en su vida. Como incluso esa taza de café de anoche que no apuro, que no se acabo, que no la acabo de sorber. Lo dicho, como todo en su vida. Porque el dolor le crece, porque el dolor se ensancha y la penetra y le corta todo. Y con él nacen sus letras con sangre, y palabras mugrientas, y con ellas se exorciza, y con ellas se alimenta. Una rueda. Una cadena que sabe que tiene que parar y detener. Y así desgasta y malgasta su vida. Una vida que se consume. Mientras tanto ella calla, mientras sufre en silencio, esperando a que alguien la rescate…

Comentarios

Ripley ha dicho que…
me encanta la luna, tiene un poder mágico de atracción sobre mí. Las ventanas, ¿ qué tendrán que las mujeres que escriben recurren tanto a ello? SAlvarse...sólo nosotras mismas podemos salvarnos, sin esperar que nadie nos salve.
Ico ha dicho que…
Ese cometido, es sólo tuyo.. nadie más podrá hacerlo

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"Soy lo prohibido"

Estoy enfermera señor, enferma. Deliro constantemente. Permanentemente pensando en los cuerpos que chocan, en jadeos, y en pechos sonrosados. Dentro fuera, dentro fuera, dentro fuera, dentro de ti… Y en una mano que se hunde, que me atraviesa, y me traspasa, como una espada. Y en la aureola de tu vientre. ¡Ay señor! ¡La violencia del amor se ha desatado! ¡Ay señor! ¡El zarpazo del amor me ha alcanzado! Y mira mis manos, aquí te las enseño, y te las entrego. En ellas esta el olor de las prisas, y de las flores que se rompen y estallan. Perdóname señor, por haber atracado su enigma. Pero ahora por favor, ayúdame,¡ayúdame!, y calma mi sed. Y domestica mi amor. Pues no tengo fuerzas suficientes, señor para aguantarlo, para sostener a este monstruo llamado AMOR. Arráncalo de mí. Quítalo de mí. Y corta su recuerdo. Señor, yo sólo quiero ser libre.

Soy un paraíso perdido

Me desvanezco en la nada. No tengo historias. Las palabras han emigrado. Las ideas se han quedado afónicas. No puedo hacer que estalle la primavera en las letras. Nada. Tan sólo goteo rabia. No quiero a nadie. A nadie. Tengo todos los sentidos muertos. Pervertida en la demolición. Sulfatada en la inclemencia de la atrocidad. Me atraganto de tanta maldad. El inferno crece en mí. Me recreo en la inmundicia. Me revuelco en el estiércol. Tan sólo me salen exabruptos de ácido sulfúrico. Tengo la sangre empapada de cólera. Y sucia. Es la mía una sangre que se levanta, que se pone en pie de tanta rabia condensada. Tengo demasiado ruido dentro, tanto que no puedo pensar. Camino y camino y no se hace el futuro. Camino y no me alejo de ésta náusea que me acecha. Soy el lirismo de las babas. Un deseo putrefacto. Tengo el corazón incendiado.  Necesito silencio. Necesito una isla. Hoy van a estallar los cohetes. Y yo quiero estallar con ellos. Ser pólvora. Y nada más.