Victoria anda cansada. Devastada. Desolada. Congestionada de tristeza, de una tristeza que la golpea incesantemente, constantemente, de una tristeza demoledora que la impide avanzar, que la impide avanzar con equilibrio, y con paso ligero. Lo dicho, Victoria anda pulverizada por la tristeza, y no sabe cómo quitársela, no sabe como arrancársela de encima, como exterminarla, como sacudírsela, porque es que siempre vuelve otra vez a cometer los mismos errores, los mismos errores, las mismas catástrofes. Esta herida de silencio. Y sólo tiene ganas de llorar, ganas de escupir esa maldita y dañina tristeza…. Pero es que ni tan siquiera eso le sale, es que ni tan siquiera es capaz de iniciarse en el llanto de la angustia y la agonía… Y es que después, después está esa primavera que no llega, esa primavera que no se revela, que no se muestra… Y el invierno que la arrasa dentro, que la destruye y la aniquila aún más por adentro… Pobre Victoria… pulverizada por la tristeza…. Piensa en el futuro, en la incertidumbre del destino, y no se ve. No tiene ninguna imagen de Victoria… Pobre Victoria…
Estoy enfermera señor, enferma. Deliro constantemente. Permanentemente pensando en los cuerpos que chocan, en jadeos, y en pechos sonrosados. Dentro fuera, dentro fuera, dentro fuera, dentro de ti… Y en una mano que se hunde, que me atraviesa, y me traspasa, como una espada. Y en la aureola de tu vientre. ¡Ay señor! ¡La violencia del amor se ha desatado! ¡Ay señor! ¡El zarpazo del amor me ha alcanzado! Y mira mis manos, aquí te las enseño, y te las entrego. En ellas esta el olor de las prisas, y de las flores que se rompen y estallan. Perdóname señor, por haber atracado su enigma. Pero ahora por favor, ayúdame,¡ayúdame!, y calma mi sed. Y domestica mi amor. Pues no tengo fuerzas suficientes, señor para aguantarlo, para sostener a este monstruo llamado AMOR. Arráncalo de mí. Quítalo de mí. Y corta su recuerdo. Señor, yo sólo quiero ser libre.
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