Victoria en continuo estado de imperfección, en un continuo estado de descomposición. Esta vez, lleva mucho tiempo así. Tanto, que ni tan siquiera recuerda su último momento donde le rugió la felicidad. Ella continua avanzando, si es que se puede decir así, por la vida, con traspiés, con la autoestima descuartizada. Sienta que no es ella, que es una muñeca rota andando, y que todas las palabras vuelan a su alrededor, o le resbalan. Le resulta imposible engancharse a una de ellas, porque ni tan siquiera tiene fuerzas para eso. Así que la gente cree y piensa que se ha convertido en una pasotista, que nada la importa, que todo le da igual, y que todo le resulta indiferente. Pero están equivocados, y su intuición miente, porque Victoria, porque Victoria, en realidad se está muriendo, Victoria se esta desangrando por momentos. Sabe que tiene realizar un montón de proyectos, de sueños, de objetivos, pero las fuerzas no las encuentras. Las perdió hace ya mucho tiempo en un descuido. Y Victoria, sí, se desprecia y se repudia en cada derrota. Pero ¿saben? En el fondo se adora, en el fondo…. Sabe que aún puede salvarse, que aún tiene esperanza, pequeña, chiquita, y diminuta, en algún lugar dentro de ella. Qué contradicción, que vida más paradójica está… Ella, la pobre Victoria, quien tendría que estar saltando por todo lo que tiene a su alrededor, por la gente que la venera… y nada… Ella aún más se aleja de ellos, más distancia pone…. Y es que no quiere que la vean en esta estampida hacía su propia muerte, hacía su propia destrucción… Mejor así, mejor tener un muro de contención, un muro que nadie la vea, un muro que resguarde y atrape sus emociones más viles y sanguinarias… que proteja a todos… y que la proteja a ella…. ¿Cuándo bajará la guardia? ¿cuándo empezará a sentir?... Victoria… Victoria… escucha tu nombre… escucha tu nombre…. Que dentro de el está escrito tu destino….
Que llegue la noche, que llegue la noche… que su manto oscuro me proteja, Que su luna blanca amanse mis fieras, y mis aullidos de pena que ya no quiero pensarla, ni desearla. Que ya… Que ya me cansé de amarla.
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