Victoria ya no puede más, ya no sabe qué hacer. Anda furibunda y moribunda. Anda estallando en llanto por cada gesto amable que ve, y que observa…. Y eso, para que engañarnos, es porque está en el precipicio de la debilidad, en el abismo de la muerte de los perdedores… Y es que ya no le queda nada, absolutamente nada. Ahora mismo, al igual que la princesa, ella está triste, y al igual que la princesa, es que ha perdido todo, la risa, el llanto, el color… La muerte le golpea, lo mundano le aprieta y la ahoga, esa cotidianidad que tanto y tanto detesta… Y mañana lunes, mañana lunes donde tendrá que soportar la pregunta tan inquisitiva, y que tanto evidencia su vida… ¿Qué tal el fin de semana? Y ella, Victoria, otra vez, con su voz grave, y ese gesto alegre, responderá displicente y sonriente “Bien, gracias. Muy bien”… Ella esclava de lo políticamente correcto, es así como da por zanjada la cuestión. Porque en el fondo, en el fondo sabe que no puede contar nada, que no puede decirles nada, porque nada ha ocurrido en su vida. Porque su vida es la NADA, porque su vida esta deshabitada de crepúsculos estelares, porque su vida es la elocuencia de la rendición….
Que llegue la noche, que llegue la noche… que su manto oscuro me proteja, Que su luna blanca amanse mis fieras, y mis aullidos de pena que ya no quiero pensarla, ni desearla. Que ya… Que ya me cansé de amarla.
Comentarios
Las cosas son como son, no como queremos que sean, así que hay que torcerles el pescuezo e intentar exprimir lo bueno de cada cosa.
Gracias por pasarte por mi blog