Victoria ha vuelto a las andadas. Ha vuelto a resbalar. A caer, otra vez, en el mismo error de cálculo, a repetir la misma torpeza de niña pequeña que piensa y cree, que el futuro es ancho, y el universo infinito. Pensar que ella es invencible, indomable, una diminuta salvaje humana. Pero no. Ella es humana, demasiada humana. Por eso hoy, otra vez camina saboreando esa tristeza tan antigua y añeja que envilece todos sus pasos. Por eso, hoy Victoria no piensa ni del derecho, ni del revés. Porque hoy Victoria camina derrumbada, derrotada por la noticia vespertina y flaqueando otra vez…pobre púgil de guante blando….Y es que si aquel día, si en aquel instante hubiera hablado, si en aquel momento hubiera abierto la boca, hubiera dicho la verdad verdadera, si hubiera enseñado su voz al mundo, sin miedo, si hubiera mostrado su voz sin sustos y sin espantos, limpia y clara, su vida hoy sería diferente, y hoy, seguramente no estaría aquí refugiándose de la mirada impía de los que villanos que ganan la carrera de los perdedores vencidos.
Que llegue la noche, que llegue la noche… que su manto oscuro me proteja, Que su luna blanca amanse mis fieras, y mis aullidos de pena que ya no quiero pensarla, ni desearla. Que ya… Que ya me cansé de amarla.
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