Victoria está harta de estar harta. Y es que Victoria no sabe qué hacer con su vida. Se levanta por la mañana, siempre con la misma canción: ser mejor, más grande, un poco más gigante. Se lo repite una y otra vez, una vez detrás de otra. Es su credo. Su única credencial. Pero sucede que no tiene fe, que no cree, que no cree en nada, en absolutamente nada. Por no creer, no cree ni en ella misma. Ya ven, para este año, ella no deseó grandes utopías, ni tampoco se propuso quitarse esa carne sobrante y flotante. Ella se había propuesto ser una mujer X, un poco más puta y un poco más mala, pero la verdad siempre encuentra cualquier grieta para escaparse, flotar, y salir a la luz. Y la verdad es que ella es buena, y su corazón está lleno de grietas.
Estoy enfermera señor, enferma. Deliro constantemente. Permanentemente pensando en los cuerpos que chocan, en jadeos, y en pechos sonrosados. Dentro fuera, dentro fuera, dentro fuera, dentro de ti… Y en una mano que se hunde, que me atraviesa, y me traspasa, como una espada. Y en la aureola de tu vientre. ¡Ay señor! ¡La violencia del amor se ha desatado! ¡Ay señor! ¡El zarpazo del amor me ha alcanzado! Y mira mis manos, aquí te las enseño, y te las entrego. En ellas esta el olor de las prisas, y de las flores que se rompen y estallan. Perdóname señor, por haber atracado su enigma. Pero ahora por favor, ayúdame,¡ayúdame!, y calma mi sed. Y domestica mi amor. Pues no tengo fuerzas suficientes, señor para aguantarlo, para sostener a este monstruo llamado AMOR. Arráncalo de mí. Quítalo de mí. Y corta su recuerdo. Señor, yo sólo quiero ser libre.
Comentarios
Por cierto, todos tenemos grietas en el corazón, pero muchos no se paran a observarlas y ni siquiera lo saben.
Cordiales saludos,