Victoria ha tenido una semana sin sobresaltos. No ha sentido ni el temblor de la vida, ni el estremecimiento de la agonía. Parece, ya ven, que la NADA, ha sido el fin de su etapa. Parece, además, que ha visto pequeños destellos, es como si la palabra esperanza, por fin, la empezará a silbar, que la empiece a pronunciar bajito, muy bajito. Parece que por fin, ha encontrado la piedad en la noche, parece que es ahí, justamente en la oscuridad cuando empieza a creer, a prometerse una nueva vida, una vida más cercana a su nombre… Quizás es porque de repente, y sin previo aviso, ha decidido AMAR. Sin lógica, y con convicción. Así que ahora Victoria, AMA… Porque sin saber por qué, ha empezado a amar, desesperadamente, y de una manera ardiente, a la mujer sin nombre, a la mujer que tan sólo es un pronombre, porque es ELLA… ELLA… la mujer que un día se cruzará con su mirada… y ambas sentirán un tsunami, un terremoto dentro de ellas, porque el relámpago humano les habrá atravesado.
Me desvanezco en la nada. No tengo historias. Las palabras han emigrado. Las ideas se han quedado afónicas. No puedo hacer que estalle la primavera en las letras. Nada. Tan sólo goteo rabia. No quiero a nadie. A nadie. Tengo todos los sentidos muertos. Pervertida en la demolición. Sulfatada en la inclemencia de la atrocidad. Me atraganto de tanta maldad. El inferno crece en mí. Me recreo en la inmundicia. Me revuelco en el estiércol. Tan sólo me salen exabruptos de ácido sulfúrico. Tengo la sangre empapada de cólera. Y sucia. Es la mía una sangre que se levanta, que se pone en pie de tanta rabia condensada. Tengo demasiado ruido dentro, tanto que no puedo pensar. Camino y camino y no se hace el futuro. Camino y no me alejo de ésta náusea que me acecha. Soy el lirismo de las babas. Un deseo putrefacto. Tengo el corazón incendiado. Necesito silencio. Necesito una isla. Hoy van a estallar los cohetes. Y yo quiero estallar con ellos. Ser pólvora. Y nada más.
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