Victoria ha quedado. Ha decidido encontrarse con Helena. Tiene ganas de verla. De hablarle y contarse. Han quedado para tomarse un café. Un café con leche. En vaso y con sacarina. O un cortado. O quizás un té o una tila. Porque Victoria nunca dirá: ¿quedamos para tomar una cerveza?. No. Y no lo dirá tan sólo por una simple razón. Desconfía de la cerveza. De las rubias y las negras. Les tiene miedo. Miedo al descontrol. O quizás, miedo a sentir. A que la cerveza desvele la verdadera Victoria, a que la cerveza desate su furia, su rabia, y toda la vida que le corre por dentro. Y así Victoria se está convirtiendo en un simulacro de existencia, aunque ella no lo sepa, o no lo quiera admitir. Porque Victoria es feliz en el mundo de los cuchillos que no cortan, y el fuego que no quema. O eso cree. Para el resto, para los demás, es una chica afortunada. Intrépida, apasionada y locuaz. Pero la realidad es otra. Y la verdad muy diferente y distinta. Porque Victoria teme la vida. Huye de la vida. Y de todo lo que no pueda controlar. Por eso aquella tarde pidió un café con leche. Otra vez. Como siempre…
Me desvanezco en la nada. No tengo historias. Las palabras han emigrado. Las ideas se han quedado afónicas. No puedo hacer que estalle la primavera en las letras. Nada. Tan sólo goteo rabia. No quiero a nadie. A nadie. Tengo todos los sentidos muertos. Pervertida en la demolición. Sulfatada en la inclemencia de la atrocidad. Me atraganto de tanta maldad. El inferno crece en mí. Me recreo en la inmundicia. Me revuelco en el estiércol. Tan sólo me salen exabruptos de ácido sulfúrico. Tengo la sangre empapada de cólera. Y sucia. Es la mía una sangre que se levanta, que se pone en pie de tanta rabia condensada. Tengo demasiado ruido dentro, tanto que no puedo pensar. Camino y camino y no se hace el futuro. Camino y no me alejo de ésta náusea que me acecha. Soy el lirismo de las babas. Un deseo putrefacto. Tengo el corazón incendiado. Necesito silencio. Necesito una isla. Hoy van a estallar los cohetes. Y yo quiero estallar con ellos. Ser pólvora. Y nada más.
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