Teresa me escribe. Teresa me envía canciones. Me cuida en la distancia. Desde lejos. Me protege a 200 kms. Y también cuando caminamos juntas. Pero yo no la quiero como ella me quiere a mi. Porque yo no le puedo dar lo que en silencio me reclaman sus ojos. Porque yo no puedo querer como quiere el viento al aire, o como quiere el alba a la madrugada. Yo nací para el amor imposible, para desear y no tener, para ser la eterna insatisfecha, la que tiene necesidad de más, siempre de más…. Porque yo dentro tengo un rugido intenso. Inmenso, que nada lo calla, ni nada lo calma. Tan sólo la muerte.
Me desvanezco en la nada. No tengo historias. Las palabras han emigrado. Las ideas se han quedado afónicas. No puedo hacer que estalle la primavera en las letras. Nada. Tan sólo goteo rabia. No quiero a nadie. A nadie. Tengo todos los sentidos muertos. Pervertida en la demolición. Sulfatada en la inclemencia de la atrocidad. Me atraganto de tanta maldad. El inferno crece en mí. Me recreo en la inmundicia. Me revuelco en el estiércol. Tan sólo me salen exabruptos de ácido sulfúrico. Tengo la sangre empapada de cólera. Y sucia. Es la mía una sangre que se levanta, que se pone en pie de tanta rabia condensada. Tengo demasiado ruido dentro, tanto que no puedo pensar. Camino y camino y no se hace el futuro. Camino y no me alejo de ésta náusea que me acecha. Soy el lirismo de las babas. Un deseo putrefacto. Tengo el corazón incendiado. Necesito silencio. Necesito una isla. Hoy van a estallar los cohetes. Y yo quiero estallar con ellos. Ser pólvora. Y nada más.
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