Ir al contenido principal

Esplendor en la hierba

Supongo que tengo que bajar la guardia, quitarme la máscara, y derrumbar el muro que me separa entre la “realidad y el deseo”. Que la vida es incierta, efímera y fugaz, y que tan sólo tenemos una temporada aquí, en el cielo o en el infierno, para hacer la mejor actuación de nuestra vida. ¿Haría algo distinto en otra vida? No. No creo. Y si no digo un no rotundo y firme es porque en esta vida todo es incierto, menos la muerte, el primer llanto y el último lamento, lo otro, lo que queda, los restos de vida, se amontonan bajo la mirada subrepticia del azar y la casualidad. Pero me pierdo y me disperso en mi propio discurso. Lo dicho. Dudo mucho que hiciera algo diferente a lo que ahora hago. Siempre he tenido especial predilección por el mundo de los perdedores, de los náufragos sin destino, de las personas nefastas por sucesos funestos, de las personas adversas con los reveses de la vida, porque sí, porque yo creo que en el fondo muy fondo todos somos buenos, que todos nacemos bondadosos y repletos de pureza, y que ahí radica nuestra esencia y nuestra verdadera naturaleza, nuestra única verdad verdadera. Y si alguna vez, si alguna vez tropezamos con gente ingrata, insalubre, y algo tóxica es porque no lo sabe hacer mejor, y no lo sabe hacer de otra manera. ¿utópico? Sí, puede. Pero a veces, en la vida, no está de más soñar, y dejar pasar un rato la esperanza, porque son los trozos de esperanza, los que hacen esta vida más ligera, más fácil, y más conquistable.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Soy un paraíso perdido

Me desvanezco en la nada. No tengo historias. Las palabras han emigrado. Las ideas se han quedado afónicas. No puedo hacer que estalle la primavera en las letras. Nada. Tan sólo goteo rabia. No quiero a nadie. A nadie. Tengo todos los sentidos muertos. Pervertida en la demolición. Sulfatada en la inclemencia de la atrocidad. Me atraganto de tanta maldad. El inferno crece en mí. Me recreo en la inmundicia. Me revuelco en el estiércol. Tan sólo me salen exabruptos de ácido sulfúrico. Tengo la sangre empapada de cólera. Y sucia. Es la mía una sangre que se levanta, que se pone en pie de tanta rabia condensada. Tengo demasiado ruido dentro, tanto que no puedo pensar. Camino y camino y no se hace el futuro. Camino y no me alejo de ésta náusea que me acecha. Soy el lirismo de las babas. Un deseo putrefacto. Tengo el corazón incendiado.  Necesito silencio. Necesito una isla. Hoy van a estallar los cohetes. Y yo quiero estallar con ellos. Ser pólvora. Y nada más.

"Soy lo prohibido"

Estoy enfermera señor, enferma. Deliro constantemente. Permanentemente pensando en los cuerpos que chocan, en jadeos, y en pechos sonrosados. Dentro fuera, dentro fuera, dentro fuera, dentro de ti… Y en una mano que se hunde, que me atraviesa, y me traspasa, como una espada. Y en la aureola de tu vientre. ¡Ay señor! ¡La violencia del amor se ha desatado! ¡Ay señor! ¡El zarpazo del amor me ha alcanzado! Y mira mis manos, aquí te las enseño, y te las entrego. En ellas esta el olor de las prisas, y de las flores que se rompen y estallan. Perdóname señor, por haber atracado su enigma. Pero ahora por favor, ayúdame,¡ayúdame!, y calma mi sed. Y domestica mi amor. Pues no tengo fuerzas suficientes, señor para aguantarlo, para sostener a este monstruo llamado AMOR. Arráncalo de mí. Quítalo de mí. Y corta su recuerdo. Señor, yo sólo quiero ser libre.